La verdad es que tengo que reconocer que no es oro todo lo que reluce y que, la lasaña, si bien es cierto que me quedó muy rica, no fue tan fácil de hacer como parece en la receta.

Cuando tu hijo está contigo en la cocina trasteando con los fuegos, el miedo a que se queme es superior al de que se te pasen los tiempos de cocción de las cosas. ¿Eso qué significa? Pues que las propiedades de mi brócoli se quedaron, todas toditas, en el agua de la cazuela. Si lo normal son 10 minutos de cocción, ¿que estuviera hirviendo casi media hora? En mi defensa diré que no se había descongelado el bacalao y no sabía cómo utilizar, ni dónde estaba, la función de descongelar del microondas (que es relativamente nuevo). Una vez encontrada, después de una ardua búsqueda por internet de las instrucciones del microondas, debí pasarme con el tiempo, los gramos, la potencia o vete tú a saber qué y el bacalao salió del microondas ya sin piel (totalmente cocido). A esas alturas, y con mi hijo comiéndose la sal cada vez que me despistaba, ya me había percatado de que el brócoli estaba prácticamente desmenuzado en la cazuela. Vaya, que la cebolla, el bacalao, el brócoli y la bechamel fueron juntitos de la mano a la sartén sin sofreír unos antes que los otros.

Me quedé sin bechamel y, siguiendo el sabio consejo que me dio una vez mi madre, la harina y la leche fueron a la cazuela casi sin remover. Los grumos parecían salidos de un lago pantanoso llego de fango pero, y aquí viene el momento “consejo de mi madre”, donde esté una batidora que tiemble cualquier grumo. Ojalá también hubiera estado mi madre para ayudarme después a recoger la cocina.

Lo que sí le agradezco a mi pinche fue el popurrí de canciones de Bon Jovi que sacó de youtube mientras bailaba con el brócoli. Así da gusto poner la cocina patas arriba.

Un último consejo, y este es mío: si vais a hacer la receta con los peques, no convirtáis al brócoli en un ser tierno y adorable como el que sale en mis fotos. Seguro que vuestros hijos, al igual que ha hecho el mío, lo adopta como un miembro más de la familia y le busca su propio sitio en el sofá.  Menos mal que tenía más de uno en la nevera y, como el que ha ido a la cazuela no tenía ojitos ni era “una ricura”, nos lo hemos podido comer.  Por cierto, el nuevo miembro de la familia se llama “Brocoliti” y el otro era un primo malo suyo al que había que exterminar.